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“A propósito de Buñuel”

Filosofía del espacio dedicado al altar


El Cineteatro, es un espacio emblemático para el cine,  inaugurado en 1946 como Teatro Alameda con la película  “A propósito de Buñuel”, bajo la dirección de José Luis Linares y Javier Rioyo. Nos motivamos por la filmografía surrealista distintiva de Luis Buñuel y partimos de que todo lo que creemos saber y conocemos de la muerte, es una interpretación surrealista de la imaginación colectiva.

Tanto en la tradición cristiana como azteca, existe la creencia de los diferentes niveles por los que trasciende la existencia de las almas, estos conviven en un mismo horizonte, difícilmente perceptible para quien se encuentra transitando por alguno de ellos, sin embargo estos están íntimamente ligados entre sí. Los dos primeros niveles suelen ser transitorios, ciertamente etapas inconclusas para las almas, en la búsqueda de la llegada al último y tercer nivel, el cual representa la eternidad, aquel lugar donde las almas vivirán por siempre.

    El altar de muertos busca romper con la imperceptible barrera entre los diferentes niveles de existencia, rindiendo  tributo a las almas en transición, procurando mostrar el camino hacia aquel ultimo nivel donde finalmente se encontrará la vida eterna.

    La instalación pretende retomar esta creencia, reinterpretando simbólicamente los elementos de la misma. Rindiendo tributo al mundo surrealista creado por Buñuel en su filmografía, integrador de las diferentes realidades y niveles de la existencia en un mismo espacio.

En el primer nivel se encuentra sobre un muro liso un espacio cóncavo en forma de esfera simbolizando la ausencia de la misma, aquel vacío que solamente es llenado con el pensamiento en la mente, la cual se nutrirá con el pasar relativo del tiempo.

Al subir al siguiente nivel sobre el mismo plano horizontal e igual eje longitudinal, se encuentra una media esfera completada por su reflejo sobre un espejo; simbolizando la etapa intermedia, de transición entre los niveles, “el espejo es un lugar sin lugar. En el espejo, me veo donde no estoy, en un espacio irreal que se abre virtualmente detrás de la superficie, estoy allá, allá donde no estoy, especie de sombra que me devuelve mi propia visibilidad, que me permite mirarme allá donde estoy ausente”1, allá en aquel lugar utópico, inaccesible, pero visible, totalmente neutral, donde se le puede rendir tributo tanto al deudo como al difunto.

Finalmente en el tercer y ultimo nivel se encuentra en el centro del espacio la esfera completa, compartiendo el mismo eje horizontal que las dos esferas anteriores,  fuente luminosa integradora de los tres niveles con su resplandor, aquel espacio al que solo se puede llegar tras concluir las dos etapas anteriores, aquel lugar concluso donde se vivirá por siempre, donde se aprecian los dos niveles anteriores

1Foucault, Michel. “Des espaces autres”. Architectura, Mouvemente, Continuite N°5. 1984. Traducida por Pablo Blitstein y Tadeo Lima.